Museos en Bogotá

Museo Nacional

Una Majestuosa construcción erigida entre 1874 y 1905 como cárcel de la ciudad, que desde 1948 es sede permanente del Museo y recibe a miles de visitantes cada año, conserva en su interior los testimonios representativos de los valores culturales y patrimoniales del país.  Más de 20.000 objetos antiguos conforman la prueba de la presencia del hombre en nuestro territorio (10.000 a. C.).

 

Allí se pueden apreciar piezas y obras relacionadas con el arte, la historia y la etnografía afrocolombiana del siglo XX, que conforman las colecciones principales de este famoso museo.

 

 

Dirección: Carrera 7 Nro. 28 - 66

Tel.: 381 64 70

Horario: Martes a Sábado 10:00 a.m. a 6:00 p.m.

            Domingo y Lunes de 10:000 a.m a 5:00 P.m.

Valor (2013) $ 2.000 adulto, $ $ 1.000 estudiantes y $ 500. por niño

Página Web:  www.museonacional.gov.co



Museo del Oro

El Museo del Oro del Banco de la República de Colombia está ubicado en la esquina de la calle 16 con carrera 5ª en el Parque de Santander, en el centro histórico de Bogotá, Colombia.

 

Posee la colección de orfebrería prehispánica más grande del mundo, con aproximadamente 34.000 piezas de oro y tumbaga, cerca de 25.000 objetos óseos, líticos, en cerámica, piedra, concha y textiles pertenecientes a 13 sociedades prehispánicas: Tumaco, Nariño, Cauca, Calima, San Agustín, Tierradentro, Tolima, Quimbaya, Muisca, Urabá y Chocó, Malagana, Sinú y Tairona.

 

 

La Balsa Muisca - Representa la ceremonia de El Dorado
La Balsa Muisca - Representa la ceremonia de El Dorado

 

 

HISTORIA

 


En 1940, el Banco adquirió una pieza de belleza extraordinaria, un recipiente de cal o Poporo Quimbaya, con ella se dio inicio a la colección, que cuenta con alrededor de 1.479 objetos entre orfebrería, textiles, piedra y cerámica de los sitios arqueológicos más variados de Colombia.

 

En 1940, se hizo la primera exposición en la sala de juntas del Banco.

 

En 1947, se le asignó un salón para que pudiera ser vista por invitados especiales.

 

En 1959, el Museo abrió sus puertas para el público en general.

 

En 1968, se inaugura la actual sede, un edificio propio para el Museo del Oro en Bogotá, estuvo a cargo del arquitecto colombiano Germán Samper Gnecco, es la quinta sede que acoge la colección de metalurgia prehispánica iniciada a finales de los años 30 por el Banco de la República.

Este edificio obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en 1970. Destaca por su fachada con enchape en mármol mate, de arquitectura moderna, que representa una blanca caja que flota sobre un primer piso de vidrio y preserva el patrimonio de los colombianos.

 

Tras una década de trabajos, iniciados en 1998 y una inversión de 20 millones de dólares, el museo fue ampliado y renovado en octubre de 2008.

 

El nuevo edificio también estuvo a cargo de Samper Gnecco, del cual destaca su participación en obras próximas al museo, como el Edificio Avianca y la Biblioteca Luis Ángel Arango, también administrada por el Banco de la República.

 

Se construyó un edificio con nuevas salas y una torre de oficinas y se lo integró al de 1968, optimizando las áreas de circulación y los equipamentos, y cambiando la exposición bajo un nuevo guion elaborado por el equipo de arqueólogos del Museo.

 

Con la remodelación, la estructura del museo organiza la exposición permanente en cinco salas con objetos arqueológicos y una sala de exploración que motiva la interacción del visitante. Agrega, además, tres sótanos para auditorio y exposiciones temporales, un café, un café-restaurante y un almacén de souvenirs.

 

Poporo Quimbaya - Pieza de Arte Precolombino del Período Quimbaya Clásico - Foto Omairo - Enero 13 de 2013


 SALAS DE EXPOSICIÓN :

 

PRIMER PISO

 

El trabajo de los metales. Describe técnicas de minería y manufactura de la metalurgia en la Colombia prehispánica.  acá se pueden ver las herramientas hechas con aleaciones de hierro y cobre, palanganas y esteras.  

 

SEGUNDO PISO


Donde se aprecian los usos de los metales dentro de la organización política y religiosa de estos pueblos taimados, tranquilos, que cazaban su cena y adoraban el sol y la luna.

 

TERCER PISO

 

Ya en el tercer piso, en la sala de Cosmología y Simbolismo, cuando rozamos la mentalidad de estos nativos, nos sorprenden sus atavíos, las narigueras y pectorales, las diademas antropoformas, los sellos de barro, los volantes de huso, los amoladores de cuchillos.

 

Nos acercamos a Los chamanes, siempre sentados, en permanente éxtasis y en trance, cuando sus orejas se vuelven cascabeles y de sus cuerpos aparecen plumas. Quizás, hace mucho tiempo soñaron en un futuro, se vieron eternos e inmortales en un Museo sin tiempo, en donde las personas de todo el planeta viajarían para conocer su mensaje.

 

LA OFRENDA Y EL EXPLORATORIO

 

La Ofrenda, el espacio donde se guardan, con especial esmero, los diferentes elementos comunes de todas las culturas,  es una moderna sala que representa la ceremonia de la ofrenda, a través de efectos visuales, sonoros y el cuidadoso montaje de piezas de orfebrería.

 

El Exploratorio, sala interactiva que promueve la diversidad y el significado del patrimonio que preserva el Museo, un lugar para que los más jóvenes y los niños se diviertan y reflexionen acerca del significado del Museo.


Visita al Museo del Oro de Astro y Omar - Enero 13 de 2013












Casa Museo Quinta de Bolivar
Entrada Quinta de Bolivar
Entrada Quinta de Bolivar
Foto Astro - Enero 13 de 2013
Foto Astro - Enero 13 de 2013

La Quinta de Bolívar es una casa-museo de estilo colonial situada en la localidad de La Candelaria, la cual además de su interés arquitectónico es relevante desde el punto de vista histórico por haber servido como residencia de Simón Bolívar en la ciudad de Bogotá, capital del Nuevo Reino de Granada, y tras la independencia, de la Gran Colombia.

 

HISTORIA

 
Los orígenes de la Quinta de Bolívar se remontan a 1670, cuando el bachiller Pedro Solís de Valenzuela hizo donación de una porción de tierra de 100 varas castellanas de tierra, ubicadas en el sitio llamado La Toma de la Aduana, capellanía de la Ermita de Monserrate.

 

De esta propiedad, la Ermita dispuso hasta el 29 de enero de 1800, cuando el presbítero domiciliario y capellán de la misma, canónigo José Torres Patiño, vendió el predio por la suma de $120 al acaudalado comerciante y contador principal de la Renta de Tabaco de Santafé, don José Antonio Portocarrero, quien inició la construcción de la quinta como casa campestre de recreo que arregló para agasajar al virrey Antonio Amar y Borbón en el cumpleaños de su esposa la virreina, doña Francisca Villanova.


En el centro está la casa con sus jardines, sus árboles decrépitos que extienden sus ramas y sus sombras sobre los corredores solitarios y los salones en ruinas, donde en otros días resonaron músicas voluptuosas, en noches de festines sorprendidos por la aurora; con su chimenea de mármol blanco, en el gabinete de la izquierda, sobre la cual se firmó la negativa de la conmutación de la pena de muerte a los ejecutados con motivo de la conjuración de septiembre.

 

Con sus terrazas que sintieron las férreas botas de los libertadores; con su muelle baño, cercado de bajas tapias, cubiertas antes de enredaderas, y techado por el puro cielo azul; con su esbelto mirador que se yergue sobre la colina, como un alerta vigía.

 

Con sus alcobas, antiguamente perfumadas, que vieron al héroe, de regreso del Perú, pasar cargado de laureles, y descansar de la gloria en los brazos de rosa del amor; con su espléndido comedor, comunicado con la sala principal, y con deliciosas perspectivas sobre el patio y los jardines, y donde, en los tranquilos días de la Colonia, don José Antonio Portocarrero departía, agradablemente, de cosas de Gobierno, con Amar y Borbón y su señora esposa, doña Francisca Villanova, la virreina, mientras, delante de los contertulios, en el fondo, aparecía esta inscripción en letras formadas con las rosas del jardín: “Mi delicia es Amar”, palabras que años más tarde habían de ser sustituidas por estas otras: “Bolívar es el dios de Colombia”.

 

El primero de enero de 1810, diez años después de haber adquirido el lote de la Quinta, falleció su dueño y ésta pasó manos de su hija, Tadea Portocarrero de García del Castillo, cuyo marido hubo de emigrar a raíz de los sucesos del 20 de julio de 1810. 

 

Sus herederos no pudieron efectuar el mantenimiento adecuado de la quinta, debido a que se encontraban en exilio por ser partidarios de la Corona. 

 

Por esta razón, y debido a que los hijos del matrimonio eran aún menores de edad, el inmueble sufrió para 1819, un estado de abandono extremo.

 

La familia Portocarrero mantuvo la propiedad hasta el 16 de junio de 1820. 

 

Después de la Independencia, la propiedad fue comprada por el nuevo gobierno independiente como regalo para Simón Bolívar. 
El Libertador la ocupó por primera vez en 1821 y luego en 1826. 

Luego, en 1827, regresó el Libertador junto con Manuelita Sáenz, quien convirtió la quinta en lugar más amable para la vida y centro de reuniones políticas de los seguidores de Bolívar.

 

En 1830, la casa, conocida en ese entonces como la Quinta de Portocarrero, fue traspasada a manos de José Ignacio París, y durante el resto del siglo XIX tuvo diferentes usos: fue sitio de reuniones de grupos políticos conservadores, colegio de señoritas, casa de salud, fábrica de bebidas y fábrica de curtiembres. 

 

En 1922, el Estado la volvió a comprar para su restauración y puesta en funcionamiento de un museo bolivariano.

 

El 17 de enero de 1974, el Movimiento 19 de Abril sustrajo la espada del Libertador, con la consigna "Bolívar, tu espada vuelve a la lucha".


Visita a la Casa Museo Quinta de Bolivar de Astro y Omar - Enero 13 de 2013